El partido de Evo Morales pierde fuerza rumbo a las elecciones 2025 en Bolivia

Crisis y declive del MAS

El Movimiento al Socialismo (MAS), el partido que durante casi dos décadas dominó la política boliviana y llevó al poder a Evo Morales en tres ocasiones, así como a Luis Arce en 2020, enfrenta hoy su momento más difícil. A tan solo semanas de las elecciones del 17 de agosto, el MAS ha pasado de ser la fuerza política más influyente del país a ocupar los últimos lugares en intención de voto, según revelan las encuestas más recientes.

Este drástico giro político ocurre en un contexto de profunda crisis económica, marcada por una caída estrepitosa de las reservas internacionales, una inflación sin precedentes en los últimos 35 años, y una escasez de combustible que ha golpeado con fuerza a la población. A esto se suma una devaluación del boliviano, que ha perdido más del 200% de su valor diario, afectando el poder adquisitivo de los ciudadanos.

El MAS, que surgió desde las bases cocaleras y supo consolidarse como un movimiento popular sólido, comenzó a resquebrajarse tras el fraude electoral de 2019 y la posterior renuncia de Evo Morales. Aunque el partido logró un sorpresivo regreso al poder en 2020 con la elección de Luis Arce, su aparente estabilidad política se fue debilitando poco a poco, hasta llegar a una división interna evidente.

En este nuevo escenario político, tres alianzas opositoras han comenzado a ganar terreno: una liderada por el empresario Samuel Doria Medina, otra por el expresidente Tuto Quiroga, y una tercera encabezada por Andrónico Rodríguez, actual presidente del Senado y exintegrante histórico del MAS, quien recientemente decidió apartarse del partido que lo vio nacer políticamente.

La prioridad para la ciudadanía ya no es ideológica, sino económica. La mayoría de los bolivianos expresa, tanto en encuestas como en movilizaciones callejeras, que su principal preocupación es encontrar un líder que tenga la capacidad de sacar al país de la crisis. Con el MAS perdiendo competitividad electoral, el panorama boliviano muestra un cambio profundo en la forma en que los ciudadanos perciben a sus representantes.

El 17 de agosto será una fecha clave que podría definir un nuevo rumbo para Bolivia. Los votantes ya no buscan promesas, sino soluciones concretas ante una realidad económica que golpea todos los días. El futuro del MAS, y del país en general, dependerá de la decisión ciudadana y de qué liderazgo logre reconstruir la confianza en medio de una de las peores crisis que ha vivido la nación en décadas.

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