Ministro de Defensa Edmundo Novillo dijo «No tenemos gas” se agoto
Crisis energética por agotamiento de reservas en Bolivia

“No tenemos gas, se agotó”, fue la frase que encendió las alarmas en Bolivia. Lo que en otro momento podría parecer un titular sensacionalista fue, esta vez, una confesión real, directa y sin filtros del propio ministro de Defensa, Edmundo Novillo. Lo dijo claro y sin rodeos: las reservas de gas natural en Bolivia se han agotado, y la situación es más grave de lo que se había admitido públicamente.
En una entrevista transmitida por el programa Que no me pierda, Novillo no solo aceptó el agotamiento, sino que explicó que el país no ha logrado reponer sus reservas a tiempo. Aunque se ha descubierto un nuevo pozo gasífero, su explotación tardará al menos dos o tres años. Mientras tanto, la incertidumbre energética se hace presente en la vida cotidiana de millones de bolivianos.
Los datos lo confirman. Según un estudio reciente del Sistema Económico Latinoamericano y del Caribe (SELA), las reservas de gas natural en Bolivia cayeron un 63% entre 2004 y 2024. Se pasó de tener 26,7 trillones de pies cúbicos en 2004 a solo 10,1 trillones en 2024. Este período coincide exactamente con los 20 años que el Movimiento al Socialismo (MAS) ha estado en el poder, primero con Evo Morales y actualmente con Luis Arce.
Este declive no solo afecta la seguridad energética del país, sino también sus ingresos económicos. En su época dorada (2010-2014), los ingresos del Estado por hidrocarburos representaban el 42% del total, pero para 2019 esa cifra cayó al 17%. Las regalías para las gobernaciones también sufrieron: de un 80% bajaron al 53%, mientras que los municipios vieron reducir sus ingresos del 56% al 23% en una década.
Además, el panorama para los próximos años no es alentador. SELA advierte que las reservas actuales apenas permitirán cumplir los contratos de exportación con Brasil hasta 2026. En cuanto al consumo interno, el gas alcanzará —con suerte— hasta el año 2041.
Esta crisis energética plantea grandes desafíos para el país. No se trata solo de cifras: estamos hablando de la posibilidad real de apagones, alzas en el costo de vida y pérdida de soberanía energética. El tiempo apremia y la planificación estatal parece haber fallado en asegurar el futuro energético de Bolivia.
Lo que está claro es que la frase “no tenemos gas” ya no es un reclamo de la oposición, sino una realidad reconocida por el propio Gobierno. Y con ello, Bolivia enfrenta una de las crisis energéticas más profundas de su historia reciente.